domingo, 31 de marzo de 2013

Errores o sesgos


Los errores en los estudios pueden ser aleatorios o debidos al azar, o bien sistemáticos, en los que podemos haber intervenido nosotros, como investigadores.

  Error aleatorio:




Afecta a la precisión de los resultados estimatorios obtenidos y viene dado por el uso de muestras probabilísticas, empleadas en los estudios ante la imposibilidad evidente de trabajar con  poblaciones enteras. Ante ésta diferencia numérica, los datos no serán nunca coincidentes entre ellos. Mediante el cálculo del tamaño mínimo muestral, el uso de test de hipótesis y el cálculo de márgenes de confianza, podremos controlar un poco el error, pero seguirá existiendo.
  

  Error sistemático:


Es aquel que desplaza artificialmente las diferencias encontradas en un estudio, en un sentido o en otro, aumentándolas o disminuyéndolas.


Hay tres tipos:

o Sesgo de selección: Ocurre cuando algún o algunos individuos no encajan por alguna característica discordante, en la muestra previamente escogida. Su presencia, “contamina” los resultados obtenidos, haciendo que el estudio no tenga validez interna. Un ejemplo también podría ser las negativas a participar o los abandonos durante un seguimiento.

o Sesgo de clasificación: Este sesgo depende de la validez y fiabilidad del método utilizado para recoger la información. Puede diluir diferencias realmente existentes: No diferencial, o bien exagerarlas: Diferencial. Viene dado tanto por afectar a la exposición, como al efecto.

o Sesgo de confusión: Es una distorsión en las estimaciones del estudio producida por la intromisión de una variable confundente. Por ejemplo, si estuviéramos realizando un estudio sobre los beneficios del aceite de oliva en relación a niveles altos de LDL, y determinadas ensaladas se estuvieran preparando en vez de con este aceite, con aceite de girasol, la variable confundente sería el aceite de girasol porque los resultados no serían fieles al objetivo que nos habíamos propuesto.





Metodología de la investigación.



Como cualquier otro proceso de adquisición de conocimientos, el proceso de investigación tiene su metodología propia a seguir, que nos ayuda a estructurar el estudio.

Son tres etapas:

·         Etapa conceptual: (O fase teórica)

En ella observamos los hechos que nos parezcan significativos y que  nos hagan identificar o formular un determinado problema. Ante estas primeras ideas, debemos de realizar una búsqueda bibliográfica por si hay algo publicado al respecto. Esto  nos sirve para irle dando forma al proyecto, como generador de ideas. Debemos formular la hipótesis, definir nuestro objetivo, decidir el universo a utilizar, las variables que manejaremos y reflexionar sobre que de nuevo aportaría nuestro estudio y que limitaciones podríamos encontrarnos para llevarlo a cabo.

·         Etapa empírica: (O fase práctica)

Es el trabajo práctico: Tenemos que definir el diseño, material y métodos a emplear, población de estudio y muestra escogida, definir las variables y proceder a recoger, procesar y analizar los datos recabados.

·         Etapa interpretativa: (O fase del significado)

Reflexionamos objetivamente sobre el estudio realizado, nos preguntamos si el material y los métodos han sido los idóneos, si hemos obtenido los resultados esperados y si dichos resultados son equiparables a los hallados por otros autores, o bien,  han aportado algo nuevo a los mismos. Sacamos conclusiones.




"Todo conocimiento es la respuesta a una pregunta" (Bachelard)


Cualquier persona, sin ser científico ni tener vocación investigadora, siente una curiosidad innata que hace que se cuestione porque, como o de qué manera ocurre algún  hecho que observe en su entorno cotidiano, más o menos frecuentemente.

Los grandes avances científicos de la humanidad vienen dados gracias a esta curiosidad intrínseca humana, afortunadamente repetida múltiples veces, pues en algún momento y en algún lugar, siempre hay alguna persona que escudriña sin parar algún fenómeno observable, se hace a sí mismo una pregunta, formula una hipótesis y manejando variables, no descansa hasta encontrar un resultado, la respuesta a su incógnita.

La importancia de la labor investigadora en todos los ámbitos esta fuera de toda duda, más aún en el campo de la salud, donde la profesión enfermera tiene mucho que aportar  en su situación de cercanía al paciente, investigando en su campo para mejorar la salud de la población, ofrecer mejores cuidados y con ello, crecer profesionalmente, ampliando su cuerpo de conocimientos.

Es la mayor esperanza de vida, (con lo que esto conlleva de cronicidad de las enfermedades) y las expectativas que como usuarios tenemos hacia el sistema de salud, lo que reclama cada día más recursos, económicos, humanos y sociales, lo que debe motivarnos a intentar añadir nuestro granito de arena con nuestros estudios, en la búsqueda de la mayor eficacia al menor coste posible.

Para llevar a cabo estas investigaciones y estudios es fundamental la adquisición de conocimientos teóricos previos sobre metodología de investigación y método científico, ya que tenemos que ceñirnos a unos estándares necesarios que den estructura a nuestros trabajos, a la vez que los hacen verificables, observables, medibles y reproducibles en cualquier otro tipo de población o comunidad.